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Qumrán en el Siglo XXI Cambios y perspectivas
después de 50 años de estudios Universidad
de Leuven Pretender decir algo completamente nuevo sobre los manuscritos de
Qumrán después de 50 años de estudio, me parece imposible. El descubrimiento
inesperado de estas colecciones de mansucritos judíos, anteriores a la
destrucción del Templo por los romanos en el caso de Qumrán, y contemporáneas
con la revuelta de Bar Kochva en el caso de las otras cuevas, ha dado origen
a una nueva disciplina en el domnio de los estudios hebreos y judíos (la
“qumranología” con sus cátedras universitarias, sus institutos de
investigación, sus congresos, revistas especializadas, etc.) y a una
verdadera industria editorial que sigue en expansión, y en la que todos los
aspectos de los manuscritos son lárgamente explotados, analizados e
interpretados desde todos los ángulos posibles y en la que todas las
hipótesis, incluso las más descabelladas, encuentran un público ávido y no
siempre crítico. Pretender decir algo completamente nuevo sobre los mansucritos de
Qumrán ante ustedes me parece no sólo imposible sino insensato, puesto que
Usteds forman un público perfectamente informado, como ha probado el aula
Qumrán de esta mañana. Por eso yo no voy a intentar decirles nada nuevo sobre los
manuscritos de Qumrán. Lo único que pretendo es resumir brevemente tres
aspectos de la investigación actual sobre estos manuscritos, aprovechándome
de la posición privilegiada en la que me encuentro para saber “por dónde van
los tiros” en esta investigación (ya que soy el editor de En realidad los puntos a tratar podrían ser muchos más, pero tres es
un número perfecto, empleado en la retórica, y fácil de recordar. Estos tres puntos son: -
los
cambios que se han realizado en la
manera de analizar los textos una vez que la totalidad de los manuscritos ha
sido publicada en la serie oficial Discoveries in the Judaean Desert (bueno,
Ustedes saben que lo de “totalidad” es algo aproximativo, puesto que el
volumen 37, con la segunda parte de los texto arameos de -
las
principales polémicas de hoy día. Por supuesto, en este punto tendré
que ser muy selectivo para no aburrirles con “batallitas” interminables, ya
que la polémica parece ser el estado natural de la qumranología desde el
comienzo mismo del descubrimiento de los manuscritos -
las perspectivas
que yo creo ver perfilarse y que van a desarrollarse en los años próximos. Y
ya sin más preámbulos podemos pasar al primer punto, cambios en la
investigación en el siglo XXI. (1)
Cambios en la investigación Para
poder comprender el cambio de perspectiva en la investigación actual sobre
los manuscritos provocado por la disponibilidad de todos los textos desde
1991 hay que tener bien presente que el marco de interpretación general, el
contexto hermenéutico, se había ya formado en base a los mansucritos de la
cueva 1, los únicos publicados en los primeros aÕos de investigación. Es decir, en
base a un número limitado de textos que presentaban un perfil particular.
Estos textos, como Ustede saben, eran: - dos copias del libro de Isaías, con
numerosas variantes, desde luego, pero fundamentalmente del mismo tipo
textual que el texto masorético; - una composición aramea, el Génesis
Apócrifo, que en parte ampliaba la historia de los Patriarcas con nuevos
detalles y en parte traducía casi literalmente el texto masorético. Esta
composión era semejante a otros apócrifos judíos ya conocidos, como el Libro
de los Jubileos o las Antigüedades Judías del Pseudo Filón; - y,
junto a estos dos manuscritos bíblicos y uno para-bíblico, cuatro
composiciones totalmente desconocidas ( Este cuadro hermenético global no fue en absoluto afectado por la
publicación esporádica del algunos otros textos, ni por la publicación en los
años setenta de los manuscritos del Libro de Henoch (otro apócrifo) y
del Rollo del Templo (percibido a la época como producto del mismo
grupo sectario). A partir los años noventa la situación cambió radicalmente gracias a
la decisión de No se trata sólo de que ahora disponemos de más textos (hasta 1990
poseíamos 9 volúmenes de Con relación a los textos bíblicos, su proporción en el conjunto no
ha cambiado radicalmente; su percentaje sigue oscilando alrededor del 25% del
total de mansucritos. Lo que ha cambiado profundamente es la caracterización
de muchos de estos textos, su “filiación”. Si los dos grandes manuscritos de
Isaías de la cueva 1 eran del tipo textual que llamanos “proto-masorético”,
las otras cuevas nos han ofrecido muchos textos del tipo “proto-setenta” o
del tipo “proto-samaritano” y aún muchos más manuscritos que no pueden
alinearse con ninguno de los tres tipos clásicos del texto bíblico, que
mezclan características y lecturas de estos tres tipos textuales, que
atestiguan diversas ediciones del texto bíblico, o que simplemente muestran
una pluralidad textual inesperada. Esta variedad de textos bíblicos, evidente
una vez que el conjunto ha sido publicado, nos muestra que antes del
establecimiento de un texto único reconocido como autoritativo existía una
gran variedad de textos que convivían con la misma autoridad en un mismo
espacio geográfico y humano. Lo que nos obliga a transformar nuestras
categorías sobre la normatividad de los textos sagrados y nuestra comprensión
del proceso de formación de textos canónicos, e incluso a relativizar el
concepto mismo de texto “bíblico”, ya que encontramos ciertos manuscritos de
los que no sabemos en realidad si la etiqueta de “bíblicos” les conviene o si
deberámos calificarlos como “para-bíblicos”. Es precisamente en esta categoría de textos “para-bíblicos” (en la
que incluímos los textos designados como apócrifos, pseudoepigráficos, etc.,
es decir, todas aquellas composiciones que no han sido conservadas en La presencia masiva de este tipo de composiciones para-bíblicas nos
obliga a reconsiderar la colección en su conjunto así como sus relaciones con
el grupo, ciertamente sectario, que reunió la colección y que nos la ha
transmitido. En substancia, esto significa que la mayoría de los mansucritos
de Qumrán no son ahora vistos como testigos del pensamiento y de la práctica
del grupo, pequeño y marginal, de seguidores del Maestro de Justicia, que se
retiraron al desierto esperando el final de los tiempos, sino como los restos
de la literatura, de la teología y de las prácticas del Judaísmo anterior a la
destrucción del Templo en su conjunto, un Judaísmo mucho más diversificado y
multiforme de todo lo que podámos imaginar antes del descubrimiento de estos
mansucritos. Esta perspectiva, todavía en vías de desarrollo, en lugar de
reducir el valor del descubrimiento, lo multiplica y lo hace mucho más
interesante. Ahora resulta imposible descartar los manuscritos como
representantes de un fenómeno marginal y menor (como lo fue sin duda la
comunidad de Qumrán), sino que esta enorme biblioteca se nos presenta como
expresión de la diversidad y de la riqueza del Judaísmo pre-cristiano, un
Judaísmo más rico, complejo, diversificado y puralista de lo que el Judaísmo
de la época rabínica nos permitía imaginar. La publicación de la totalidad de los textos ha transformado también
la manera de comprender los grandes mansucritos sectarios y la evolución de
la comunidad de Qumrán. Las copias de No creo que haga falta insistir más para
convencerles de que la publicación de la totalidad de los manuscritos es un
factor determinante de la nueva manera de comprender todos los textos de
Qumrán, los bíblicos, los para-bíblicos y los sectarios, en este siglo XXI.
Evidentemente, este trabajo está aún en cantera. Yo diría incluso que se
halla en sus comienzos. Más que a la hora de ofrecer soluciones estamos aún
comenzando a poner las questiones pertinentes. Pero el poder plantear las
preguntas justas es ya un gran paso en la labor científica en cualquiera de
las disciplinas. (2) Polémicas Como les decía al comienzo, la polémica parece
ser una característica constituyente de los estudios qumránicos, y ésto desde
el primer momento del descubrimiento de los manuscritos. Yo, hoy, voy a
limitarme a indicarles tres sectores de la investigación en los que se
discute ásperamente (y en los que los golpes bajos, que no tienen nada de
académico, no parecen estar excluídos): a- polémicas en la
interpretación de los elementos materiales (digamos en la interpretación de
los datos de las excavaciones de Qumrán); b- polémicas en la
interpretación de textos concretos; c- polémicas sobre la comprensión
de la comunidad de Qumrán. a) Entre las polémicas en curso, la más importante
y actual es sin duda alguna la polémica sobre la interpretación de los datos
arqueológicos. Puesto que las excavaciones de De Vaux no han sido aún
publicadas de manera integral y completa, y que de las excavaciones
israelitas realizadas entre los años 1993 y 2004 circulan únicamente rapports
preliminares muy sumarios e incompletos, me parece evidente que las disputas
en lugar de calmarse continuarán durante los años próximos, y únicamente
cesarán cuando todos los artefactos hallados durante las excavaciones hayan
sido publicados íntegramente, analizados en profundidad y dotados de un
contexto estratigráfico preciso. Mientras tanto, la disputa sobre la
interpretación de las ruinas de Qumrán y del cementerio adyacente, las
relaciones entre ruinas y cuevas (con su cerámica común), y las relaciones de
los mansucritos con las cuevas, con las ruinas y con el cementerio, serán
motivo de discordia. Mientras
tanto, las interpretaciones más o menos fantásticas de los Donceel (que hacen
de Qumrán una villa rústica), de Norman Golb (que considera Qumrán una
fortaleza) de Crown y de Cansdale (que ven en Qumrán un centro de aduanas del
mar Muerto), de Stegemann (que hace de Qumrán una editorial), de Patrich (que
lo transforma en una fábrica de perfumes), de Yzhak Magen y Yuval Peleg (que
lo convierten en una fábrica de cerámica), de Yizhar Hirschfeld (que ve en
Qumrán una granja, especializada en la producción de miel de dátiles y
bálsamo), continuarán a tener sus defensores empedernidos (y esta lista de
interpretaciones no es completa, puesto que sólo menciona las
interpretaciones más serias). Es
muy instructivo el comparar las dos últimas monografías sintéticas sobre la
arqueología de Qumrán recientemente publicadas por dos arqueólogos
profesionales: Jodi Magnes, The
Arcaheology of Qumran de
2003 y Yizhar Hirschfel, Qumran
in Context de 2004. Jodi
Magnes confirma substancialmente la síntesis de De Vaux sobre la ocupación
comunitaria y el carácter religioso de las ruinas, aunque con una cronología
más baja que elimina el primer período de ocupación comunitaria de De Vaux;
mientras que Yizhar Hirschfel elimina todo aspecto comunitario y religioso de
las ruinas, intentando integrarlas en un contexto regional y en paralelo con
otras fortalezas hasmoneas y con granjas agrícolas de la nobleza
jerusolimitana. Aún más instructiva (para tener una idea de las polémicas,
más que para llegar a resultados definitivos) es la lectura de uno de los
últimos volúmenes publicados en mi serie Studies on the Texts of the Desert of Judah, aparecido hace un par de meses, editado por
Katharina Galor, Jean-Baptiste Humbert y Jürgen Zangenberg, y que lleva por
título: The Site
of the Dead Sea Scrolls: Archaeological Interpretations and Debates, porque allí, en un sólo volúmen se pueden
escuchar las voces más discordantes. Jean Baptiste Humbert, el sucesor de De
Vaux y responsable de la publicación de las excavaciones de Qmrán, defiende
que Qumrán, después de haber sido una residencia invernal de los reyes
hasmoneos, fué transformado por los esenios en un centro religioso para los
miembros que vivían en los alrededores del mar Muerto, es decir en un lugar
de culto, con sus altares para los sacrificios, sus lugares de purificación,
sus talleres, etc., algo así como un centro de peregrinación esenio en el que
los miembros se reunían para celebrar sus devociones. Junto a él, Magen y
Peleg proponen su interpretación como fábrica de cerámica, y Hirschfeld su
interpretación agrícola. Y junto a estos trabajos, se escuchan las voces de
Doudna, que considera una “quimera” (son sus palabras) el que depósito de
mansucritos en las cuevas se hizo en el año 68 del siglo primero de la era
cristiana, y defiende que los manuscritos fueron depositados en siglo primero
antes de Cristo; la de Joan Taylor que defiende que el periodo III de Qumrán
(la ocupación romana) duró varias décadas; la de Mirielle Bélis que postula
la producción de índigo en Ain Feshkha, y la de Patrich que defiende la
producción de bálsamo en Qumrán; mientras que Magen Broshi y Hanan Eshel
niegan la posibilidad total de agricultura en Qumrán, y aunque consideran el
cultivo de dátiles en Ain Feshkha probable, afirman que las características
del terreno del oásis y la salinidad del agua de las fuentes hacen allí
imposible tanto el cultivo de índigo como el del bálsamo. Una verdadera
cacofonía Como
ven, no son las polémicas sobre los elementos materiales las que faltan, y
sobre ellas podríamos hablar durante horas. Pero el tiempo apremia. Aunque
antes de pasar al segundo tipo de polémicas, no puedo menos que mencionarles
una de las polémicas más agudas y que concierne los restos humanos excavados
en el cementerio adyacente a las ruinas de Qumrán, tantos los pertenecientes
a la colección Kurt, receintemente encontrados en Munich, como los que se
encuentran el el Musee del Hombre de París (en ambos casos se trata de los
cadáveres excavados por De Vaux, y entregados para su estudio a dos
antropólogos, ninguno de los cuales había publicado nada sobre ellos). A
diferencia de los teólogos medievales que disputaban sobre el sexo de los
ángeles, los antropólogos modernos que han redescubierto estas colecciones se
disputan sobre el sexo de los huesos. El problema consiste en determinar si
se trataba de hombres o de mujeres (lo que no deja de ser importante a la
hora de deternminar el carácter del grupo al que los muertos pertenecieron).
Como Ustedes saben, para De Vaux, los cementerios, salvo muy raras excepciones,
contenían cadáveres de hombres, mientras que los antropólogos modernos
analizan como femeninos un mayor número de los restos. Y para complicar más
las cosas, Joe Zias, un antropólogo del departamento de Antigüedades de
Israel (aunque ahora retirado de sus funciones) concluye que en realidad los
restos provenientes de los dos cementerios laterales son en realidad huesos
de beduinos enterrados únicamente hace un par de siglos, y que no tienen nada
que ver con los restos del cementerio central, el único que sería realmente
antiguo y estaría relacionado con las ruinas de Qumrán. Como consecuencia de
estas disputas, en los años 2001 y 2002 se realizó una nueva campaña cuya
finalidad era al de repertoriar todas las tumbas, y que resultó en el
“hallazgo” de un nuevo cadáver, presentado en seguida como el cadáver de Juan
Bautista, después como el el de Santiago, o el del Maestro de Justicia,
porque estaba asociado con restos de un sarcófago de zinc, y posteriormente
como el de un beduino. Hasta que un artículo con el título de “Qumran
Archaeology: Skeletons with Multiple Personality Disorders and Other Grave
Errors” reveló que en relaidad se trataba de restos de tres individuos
distintos, datados mediante el carbón 14 respectivamente hace cuatro, tres y
dos mil años respectivamente (lo que probaba que no podían haber pertenecido
a una misma persona), por lo que el autor del artículo llega a acusar a sus
colegas de fraude intencionado, una acusación que podría ser substanciada por
la presencia de restos de cadmio en el zinc, señalada en un report aún
inédito, y que exluye que el sarcófago sea realmente antiguo. b)
Las polémicas sobre la interpretación de los
textos mismos y de su significado, no tienen nada de nuevo; en realidad forma
parte del avance de la investigación, que se hace siempre por tanteos,
avances y retrocesos. Lo que es peculiar de la investigación qumránica es que
estas disputas no se reducen al ámbito de la academia y de las discusiones
sabias en revistas especializadas, sino que saltan de vez en cuando a la
plaza pública y sus protagonistas se disputan a través de los periódicos o de
las cadenas de televisión. Buenos ejemplos de estas polémicas públicas,
resueltas ya hace años, son las disputas en la prensa francesa de los años
cincuenta sobre la muerte y resurrección del Maestro de Justicia; o las
disputas en la prensa española en los años setenta (y posteriormente en la
del mundo entero) sobre la interpretación de unos fragmentos mínimos de
papiro en griego provenientes de la cueva 7 como restos del Nuevo Testamento;
o la disputa en el New York Times en los años noventa sobre un mesías
sufriente y crucificado. Pero como les decía, estas polémicas en sí no tienen
nada de extraño y forman parte del quehacer cotidiano de los investigadores,
que somos capaces de todo para probar que tenemos razón en la lectura de una
sóla letra. Les citaré un ejemplo reciente en el que
yo mismo me he visto envuelto. En 1999 Strugnell y Harrington, en el volumen
34 de DJD publicaron un gran texto sapiencial, conservado en varias copias,
4QInstruction, en el que a un cierto punto se dice según su traducción
“tampoco trates con deshonor el ‘vaso’ (kely en hebreo) de tu seno” y proponían interpretar
la frase como en Otro ejemplo bastante reciente y mucho
más importante, es la lectura de dos palabras del único documento encontrado,
no en las cuevas sino en las ruinas, junto al muro de separación del
cementerio, durante las excavaciones dirigidas por Strange en 1996. Se trata
de un ostracon publicado por Cross y Eshel en DJD 39 en el año 2000. Según
los editores, las quice líneas de escritura en dos cascotes proveniente de
una jarra grande serían una copia de un contrato de donación de bienes en
favor de un miembro de la comunidad de Qumrán. El texto está mal escrito y la
tinta muy borrada, por lo que otros paleógrafos no han tardado en proponer
otras lecturas. La disputa concierne sobre todo la palabra yahad (la comunidad) de la línea ocho. Según los
editores esta línea debería decir algo así como “cuando él cumple (su
juramiento) a la comunidad.” Esto puede darles una idea de la importancia de
la cosa. Si esta lectura pudiera ser confirmada, no sólo nos proporcionaría
una conexión indudable entre las ruinas y los textos, sino que nos ofrecería
la prueba material de que las normas sobre la transferencia de propiedades de
los miembros a la comunidad al final del período de prueba descrito en c) Tampoco esta polémica tiene nada de nuevo, aunque
en este siglo XXI sigue tan viva como en los años primeros después del
descubrimiento. En esos años se discutía si el nuevo grupo que los textos
revelaban correspondía a los esenios, a los zelotas, a los caraítas o a
judeo-cristianos de distintos plumajes. La fuerza de la demostración de que
el grupo estaba relacionado con los esenios era tan grande que ha dominado
durante muchos años la investigación, en la que qumranitas y esenios eran
considerados como la misma cosa. Pero esta hipótesis, suficiente tal vez para
explicar los datos de los mansucritos del la cueva 1 y de las cuevas menores,
resulta claamente insuficiente una vez que la totalidad de los manuscritos es
accesible. Alguna
de las soluciones que hoy día se presentan (como las que ya he mencionado
previamente al hablar de los elementos materiales) rompe radicalmente toda
conexión entre los mansucritos, las cuevas y las ruinas. La colección no
sería más que una representación accidental de la totalidad de la producción
literaria judía del Judaísmo del Segundo Templo. Otra, como la de Larry Schiffman, se
apoyan en determinados manuscritos cuya halakhah presenta ciertas correspondencias con la halakhah saducea y postula un orígen saduceo para la
comunidad de Qumrán, que habría sido fundada por sacerdotes sadocitas
desidentes, en desacuerdo con las forma en la que el culto en el Templo era
celebrado. Otra, como la de Boccaccini, privilegia
un aspecto de ciertos manuscritos que sitúan el orígen del mal en la caída
angélica, y sitúa los orígenes de la comunidad al interior del movimiento
henóquico, representante de la tradición apocalíptica que conocemos por los
libros de Henoch. Stegemann ha optado por una solución que
le permite continuar fiel a la hipótesis esenia a pesar de la diversidad de
las composciones que aparecen en la biblioteca: la de hacer del los esenios
los representantes de la mayoría del Judaísmo de la época, y de la yahad la asociación o confederación de todos los
grupos judíos (a la excepción de los partidarios de los Macabeos) organizada
por el Maestro de Justicia, con Qumrán como uno de los centros especializados
en la producción de mansucritos. Otros, como John Collins and Elyav Regev,
suponen que el término yahad no identifica ninguna comunidad concreta como la
de Qumrán, sino que es un término que sirve para designar diversos grupos
menores de caráctger sectario diseminados por todo el país (semejantes a los mahanot del Documento de Damasco), y sin ninguna
referencia particular al grupo que habitó las ruinas de Qumrán (que para
Collins en concreto podría haber sido un grupo elitista al interior de la yahad, que se retiró al desierto). Para acabar con todas estas polémicas, yo
debería mencionarles mi propia hipótesis (conocida como “la hipótesis de
Groningen”) que considera a la comunidad de Qumrán como el resultado de una
ruptura al interior del movimiento esenio, y que sigue siendo un marco
hermenéutico eficaz para comprender la diversidad de los textos. Pero hablar
de sí mismo no es muy elegante. Por lo que es mejor pasar directamente al
tercer punto que quería mencionarles: las perspectiva de la investigación que
yo creo ver dibujarse ya en filigrana y que si no me equivoco se amplificarán
en los años venideros. (3) Perspectivas Aunque yo no posee ninguna de las cualidades proféticas
del Maestro de Justicia, creo poder indicarles sin temor a equivocarme
demasiado algunas de las líneas de investigación que van a intensificarse en
los años próximos. Por ejemplo, el estudio de los manuscritos designados como
“literatura para-bíblica” en cuanto representantes de la gran variedad
reinante en el pensamiento, la teología y la hakakha del Judaísmo de la
época. No creo tampoco equivocarme señalando entre ellos el estudio de los
textos sapienciales, como 4QInstruction, para recuperar una tradición
sapiencial ciertamente distinta de Pero prefiero arriesgarme un poco y
señalarles dos tendencias más generales que yo creo precibir y que deberían
desarrollarse en los años próximos. La primera es lo que podríamos llamar una
“rejudaización”de los estudios qumránicos. Por esta “rejudaización” yo no me
refiero al hecho de que la presencia de investigadores judíos, que estaban
ausentes del primer equipo internacional de editores debido a la situación
política de la época, y que es masiva en el equipo ampliado a partir de los
años noventa. Tampoco me refiero al hecho de que las publicaciones de
investigadores judíos sobre los manuscritos se han multiplicado en los
últimos años (Megillot, una revista especializada de El contenido legal de ciertos mansucritos
como las copias del Rollo
del Templo, de El elemento de recuperación apareció
claramente en la campaña de prensa que condujo a la decisión de las
autoridades israelitas a permitir el acceso sin restricciones a los
manuscritos. Los editoriales de BAR de la época hablan por sí mismos; pero se
encuentra igualmente en publicaciones de autores tan respetables como Larry
Schiffman, que afirmaba que hasta entonces (su libro es del 1994) los
estudios qumránicos se habían concentrado en el interés que los manuscritos
presentaban para comprender el Cristianismo, y que era hora de “librarlos” de
esa cristianización y de estudiarlos como documentos que pertenecen a la
historia del Judaísmo. A pesar de lo exagerado de estas afirmaciones y de que
olvidan que el interés mayor de los manuscritos desde el punto de vista
cristiano consiste precisamente en la luz que aportan sobre el Judaísmo en el
que el Cristianismo tiene sus raíces, yo pienso que esta recuperación, como
el estudio de los elementos halákhicos de los manuscritos, seguirá creciendo
en el futuro y será una de las líneas centrales de la investigación. La otra grande tendencia que yo veo
dibujarse y que debería igualmente desarrollarse en el futuro es lo que yo
llamaría una “recristianizaición” del estudio de los textos, paralela y
complementaria con la “rejudaización”. Yo estoy convencido de que las falsas
polémicas sobre la presencia o no de textos neotestamentarios en Qumran, o
sobre los posibles o imposibles contactos de Jesús, del bautista, o de los
primeros cristianos, con Qumrán, dejarán de orientar la investigación sobre
falsas pistas y no ocuparán más la actualidad. Pero, por el contrario, la
búsqueda en los manuscritos de elementos que nos ayuden a comrpender mejor y
a explicar cómo el Cristianismo se enracina en el Judaísmo multiforme y
prural no dejará de crecer y aumentar. Las riquezas de los textos ahora
accesibles no han sido todavía explotadas, y la luz que pueden proporcionar
al estudio del Nuevo Testamento se extiende a todos los niveles. El motivo es
claro y simple. Los textos de Qumrán llenan en parte el vacío que había entre
el Antiguo y el Nuevo Testamento, entre Si yo no me equivoco completamente, estas
dos tendencias (de una parte “rejudaización” de otra parte
“recristianización”) dominarán la investigación qumránica en el futuro.
Juntas nos permitirán avanzar en la comprensión de los textos. Por supuesto,
ciertas polémicas continuarán, puesto que forman arte integrante del avance
científico que se realiza siempre a tientas y con tropezones. Las hipótesis y
los marcos hermenéticos cambiarán sin duda alguna, siguiendo el progreso en
la comprensión de los textos y de las ruinas. Pero “la más grande aventura
bíblica del siglo XX” continuará su desarrollo en el siglo XXI, iluminandonos
el período clave de |